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Por:
Chris Peterson
Han pasado la prueba
del algodón. Elephant es un disco más logrado y definido
de lo que lo era el también recomendable White Blood Cells.
Ninguno de sus 14 temas tiene desperdicio aunque tampoco haya un single
tan arrebatador como era Fell In Love With A Girl. Los White Stripes
han pasado por un año y medio agotador, cuando publicaron su anterior
disco apenas eran una prometedora y peculiar banda de Detroit y ahora
son, junto a los Strokes y por obra y gracia de la prensa inglesa, abanderados
de esta nueva generación de bandas, en algunos casos, bastante
sospechosas.
En el caso que nos
ocupa, hablamos de un dúo que está presentando ya su cuarto
álbum, siendo el nivel de los tres últimos, por lo menos,
bastante bueno. A pesar de haber sido criticados por inconsistentes y
observados con lupa hay que reconocerles el impulso que han dado a la
emergente escena de su ciudad (Detroit) con bandas tan reseñables
como Sights, Paybacks o Soledad Brothers que sin el éxito y el
apoyo de los ¿hermanos? White lo hubieran tenido más difícil
(sin descontar su calidad intrínseca como bandas).
Su nuevo disco es
disfrutable de principio a fin para todos aquellos amantes del rock sin
excesivos accesorios (la batería de los Stripes es hasta demasiado
espartana), con toque pop muy pronunciado y respeto por las raíces.
El blues tiene su acomodo en un tema como Ball & Biscuit donde
los Stripes demuestran no tener nada de pop piruleto como algunos gustarían
de encuadrarles. Siete minutos de blues rock setentero desde su particular
óptica. Eso no quiere decir que los que sólo optan por el
hardrock o algo más metálico vayan a interesarse por ellos...
El disco se adapta
a las exigencias de la música más popular sin perder nada
de la esencia diferencial de la banda, temas como el mencionado Ball
& Biscuit, There's No Home For You Here (temazo que va
más allá de lo visto en su disco anterior), Hypnotise
(la sucesora de Fell In...), Girl, You've No Faith In
Medicine (otro de los temas más desbocados) o I Just Don't
Know What To Do With Myself (versión de Bacharach con un final
digno del aplauso de Ray Davies) les muestran en muy buena forma.
Los que pongan a los
Gories como excusa para rechazar a la banda seguramente no encuentren
nuevos argumentos para cambiar de opinión (aunque sigo sin ver
una asociación denunciable con la ya mítica ex banda de
Mick Collins más allá de algunos detalles) mientras que
los que disfrutaron con su disco anterior deberían aún pasárselo
mejor. Los escépticos con los Stripes por su vinculación
con esta vuelta del rock preparada por los medios decirles que, por lo
menos para el que suscribe, les sacan muchas cabezas (tampoco es complicadísimo,
lo se) a Strokes, Vines, Black Rebels o Libertines.
Por cierto, deliciosos
esos dos temas claramente difereciados del resto: It's True That We
Love One Another, con su toque countrypop y texto sin desperdicio
o ese precioso tema de pop (a secas) que es In The Cold Cold Night
cantado por Meg quien se revela como una cantante discretita pero con
gracia (es mejor cantante que batería, eso seguro). En fin, un
buen disco donde menos es más y es que siguen con su fórmula
de voz, batería y guitarra con inclusión esporádica
de teclados o de bajo (éste mediante efectos con la propia guitarra).
Un regreso a celebrar por parte de una banda que (lo sabemos) no inventa
nada pero que sí tiene un espacio que les es propio. Que entres
en él o que te de repelús, evidentemente, es cosa de cada
cual.
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