Elephant (2003)
White Stripes

Por: Chris Peterson

Han pasado la prueba del algodón. Elephant es un disco más logrado y definido de lo que lo era el también recomendable White Blood Cells. Ninguno de sus 14 temas tiene desperdicio aunque tampoco haya un single tan arrebatador como era Fell In Love With A Girl. Los White Stripes han pasado por un año y medio agotador, cuando publicaron su anterior disco apenas eran una prometedora y peculiar banda de Detroit y ahora son, junto a los Strokes y por obra y gracia de la prensa inglesa, abanderados de esta nueva generación de bandas, en algunos casos, bastante sospechosas.

En el caso que nos ocupa, hablamos de un dúo que está presentando ya su cuarto álbum, siendo el nivel de los tres últimos, por lo menos, bastante bueno. A pesar de haber sido criticados por inconsistentes y observados con lupa hay que reconocerles el impulso que han dado a la emergente escena de su ciudad (Detroit) con bandas tan reseñables como Sights, Paybacks o Soledad Brothers que sin el éxito y el apoyo de los ¿hermanos? White lo hubieran tenido más difícil (sin descontar su calidad intrínseca como bandas).

Su nuevo disco es disfrutable de principio a fin para todos aquellos amantes del rock sin excesivos accesorios (la batería de los Stripes es hasta demasiado espartana), con toque pop muy pronunciado y respeto por las raíces. El blues tiene su acomodo en un tema como Ball & Biscuit donde los Stripes demuestran no tener nada de pop piruleto como algunos gustarían de encuadrarles. Siete minutos de blues rock setentero desde su particular óptica. Eso no quiere decir que los que sólo optan por el hardrock o algo más metálico vayan a interesarse por ellos...

El disco se adapta a las exigencias de la música más popular sin perder nada de la esencia diferencial de la banda, temas como el mencionado Ball & Biscuit, There's No Home For You Here (temazo que va más allá de lo visto en su disco anterior), Hypnotise (la sucesora de Fell In...), Girl, You've No Faith In Medicine (otro de los temas más desbocados) o I Just Don't Know What To Do With Myself (versión de Bacharach con un final digno del aplauso de Ray Davies) les muestran en muy buena forma.

Los que pongan a los Gories como excusa para rechazar a la banda seguramente no encuentren nuevos argumentos para cambiar de opinión (aunque sigo sin ver una asociación denunciable con la ya mítica ex banda de Mick Collins más allá de algunos detalles) mientras que los que disfrutaron con su disco anterior deberían aún pasárselo mejor. Los escépticos con los Stripes por su vinculación con esta vuelta del rock preparada por los medios decirles que, por lo menos para el que suscribe, les sacan muchas cabezas (tampoco es complicadísimo, lo se) a Strokes, Vines, Black Rebels o Libertines.

Por cierto, deliciosos esos dos temas claramente difereciados del resto: It's True That We Love One Another, con su toque countrypop y texto sin desperdicio o ese precioso tema de pop (a secas) que es In The Cold Cold Night cantado por Meg quien se revela como una cantante discretita pero con gracia (es mejor cantante que batería, eso seguro). En fin, un buen disco donde menos es más y es que siguen con su fórmula de voz, batería y guitarra con inclusión esporádica de teclados o de bajo (éste mediante efectos con la propia guitarra). Un regreso a celebrar por parte de una banda que (lo sabemos) no inventa nada pero que sí tiene un espacio que les es propio. Que entres en él o que te de repelús, evidentemente, es cosa de cada cual.