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¿Quién
acabó con el funk? Bob Davies
La reacción suele ser: Vale, todo eso tiene sentido menos la parte del Gobierno. Lee Atwater, responsable de la campaña electoral de Ronald Reagan en 1980, ejerció una enorme influencia en la música que escuchamos hoy en día. Durante la campaña presidencial, Atwater proporcionó a Reagan una estrategia retorcida y malévola diseñada para que su rival, el presidente Jimmy Carter, apareciese como un amante de negros y homosexuales incapaz de defender a los estadounidenses en la crisis de Irán. Fue Lee Atwater quién inventó el término reina de la beneficencia para referirse a las mujeres negras que se acogían a programas de ayuda social y también acuñó la expresión el imperio del mal para designar a la Unión Soviética. En 1980 Atwater era un yuppie treintañero del sur de California que había ido a la Universidad en los 60, había escuchado rock and roll, había fumado hierba y, en definitiva, se lo había pasado en grande. Tras su graduación, fue relaciones públicas de Harry Dent, el hombre responsable de la exitosa estrategia sureña usada por Richard Nixon en su campaña presidencial del 68. Así fue como el joven Atwater comprendió la lógica por la que se rige el estadounidense medio y se dedicó a explotar sus miedos con fines electorales. Él fue el responsable de la promesa tácita de Reagan de acabar con el Movimiento de los Derechos Civiles en Estados Unidos. Una de las imágenes más vívidas en mi recuerdo de la campaña de 1980 es la de Atwater en una fiesta del partido republicano tocando la guitarra junto a B.B. King. Así es: Lee Atwater era un gran fan del rhythm and blues. Esto significa que este racista vil y retorcido conocía a la perfección lo que estaba pasando en la comunidad negra durante los 70. Lee Atwater sabía que iba a ser capaz de crear una imagen del país en la que miles de vagos, negros y negras acogidos a programas sociales, se las arreglaban de algún modo para comprar langostas con cupones del Estado, subvencionados por la pobre y sufrida mayoría blanca. Lee Atwater también sabía que propiciando un sentimiento de rabia entre los votantes podría acabar con el Movimiento de los Derechos Civiles aunque, para ello, necesitaría también la ayuda de algunos negros . En mi opinión, cuando los historiadores estudien los 70 no tendrán más remedio que compararlos en muchos aspectos con el esplendor que vivió Harlem en los años 20. Para muchos negros, los 70 fueron un periodo de florecimiento de una cultura positiva, resultado de una época de cambio en la que Estados Unidos reaccionaba frente a su pasado racista. Muchos negros comenzaron entonces a disfrutar de las compensaciones obtenidas en la lucha por los derechos civiles. Fue un periodo de celebración. Nació el eslogan black is beautiful, aparecieron los afros, los dashikis y Malcolm X, que cambiaron la vida de los adolescentes. Los políticos negros comenzaron a moverse en serio. Las ciudades empezaron a elegir alcaldes negros. Hollywood se lanzó a producir toneladas de filmes y series de TV dirigidas a los negros, en las que aparecían como algo más que sirvientes y esclavos. Como adolescente, para mí y para mi entorno, la música fue el epicentro de este giro positivo.
La gente suele desacreditar el disco por muchas razones, empezando por sus excesos. Es un error. Hoy tenemos más perspectiva y sabemos que el disco fue una extensión del funk, no sólo rítmicamente, sino en el plano político y sociocultural. De hecho, a efectos prácticos, fue el último intento de buscar la integración racial que se produjo en Estados Unidos. Por eso, por su enorme éxito, Lee Atwater tenía que atacarlo: hacer que los blancos (y también los negros) le cogiesen miedo. Que no se contagiasen del disco. Uno de los objetivos principales del movimiento de los derechos civiles era que la gente no fuese juzgada por el color de su piel, sino por su conducta y carácter. ¿Qué mejor sitio para conocer tu carácter que una discoteca el viernes o el sábado por la noche, plagada de un público proveniente de todas las capas sociales? El clima social que creó el auge de las discotecas resultó muy irritante para los racistas (tanto blancos como negros). La idea de un lugar legítimo para el encuentro racial no era algo para lo que el país estuviera preparado. Por supuesto, este mismo miedo era el que había llevado a establecer una división espuria entre música negra y blanca y a crear subgéneros artificiales como el rock y el soul. El funk (jazz, blues, soul y rock'n'roll) lo volvió a reunir todo y creó un ritmo positivo y universal que dio paso al nacimiento del disco.
Pero volvamos a las elecciones. Jimmy Carter y su gente fueron filmados en compañía de negros, visitando el Studio 54 y haciendo la vista gorda ante el consumo de drogas. Mientras tanto, Ronald Reagan y George Bush aparecían con sombreros de cowboy, yendo a la iglesia y escuchando country. Reagan declaraba: No teníamos problemas raciales cuando crecí en Dixon, Illinois". Por supuesto, olvidó mencionar que allí no había negros. George Bush, en cambió, creció rodeado de negros. Hijo de un adinerado senador de Connecticut, no me cabe duda de que creció rodeado por una cohorte de sirvientas y mayordomos negros que cubrían cada una de sus necesidades. Mientras tanto, Lee Atwater sostenía que en el partido no había racismo porque él amaba el blues, la música negra más auténtica, en las antípodas del disco. Pero, ¿qué hacía mientras tanto la gente negra? Nada, absolutamente nada, porque el movimiento de los derechos civiles ya estaba acabado, ¿no es así? No se preocupaban por mantener o avanzar en las conquistas. De hecho, se perdieron los afros y volvió a ser cool alisarse el pelo, ¿no? No necesitábamos nada de eso, ¿verdad? Bien podíamos volver a envidiar al hombre blanco y perdernos en un desierto de polvo blanco, ¿no? Los negros hicimos lo que Lee Atwater quería que hiciésemos. El fracaso de los negros en lo referente a la institucionalización de la cultura positiva de los 70 propició su destrucción. Por eso ahora la cultura y la música dominantes definen nuestra cultura, basada en el gansta rap, el smooth jazz y el R&B actual. Estos tres géneros han ocultado la espléndida herencia de los 70. Y por todo ello podemos dar las gracias a Lee Atwater. (La versión original de este artículo (recomendado por Patricia Godes) aparece en la espléndida, informada y combativa web www.soul-patrol.com. LDNM lo reproduce por su evidente interés para comprender la música negra actual. Larga vida a The Roots, Missy Elliott y Lauryn Hill, entre otros artistas que mantienen vivo el espíritu integrador de los 70). |