Reportaje
Aferrados al vinilo
El viejo formato aún mantiene el tirón entre un sector de amantes de la música

por Albert Gusch
Barcelona, 3 de noviembre de 2005

"Yo compro vinilos para escucharlos, no para coleccionarlos. No soy de los que va a la Fira del Disc a buscar ejemplares raros que valen un pastón. Voy a una tienda, busco una novedad que me interesa y la compro en disco de vinilo, no en compacto. Y si no lo tienen, lo pido en el extranjero". Sergio Carmona es fotógrafo deportivo y partidario irredento del formato antiguo. Un dato revelador: asegura que en casa posee más de tres mil discos en vinilo y sólo cuatro compactos. "Puede dar risa, pero es así".

Carmona es integrante de la comunidad no registrada que se mantiene aferrada a los discos de surcos profundos. Afirman estos defensores del viejo elepé que el sonido es mejor que el del compacto, "demasiado metálico", y no digamos ya del mp3, carente además de cualquier romanticismo. "La grabación en vinilo es analógica y tiene unos matices que el CD no puede alcanzar", cuenta Marc Juando, que se dedica a distribuir vinilos de música negra de los años 60 y 70 a través de internet (www.goodmoverecords.com).

En el sector musical hay voces que sostienen que el vinilo está encontrando cada vez más mercado. Son pasitos pequeños, pero no dejan de ser significativos en esta era del soporte digital. Las cifras oficiales muestran en realidad un estancamiento desde hace unos años, pero eso es porque no tienen en cuenta el mercado de segunda mano ni la labor de distribuidoras pequeñas, que son las especializadas en el formato de plástico, habitualmente la gran estrella de las ferias de discos como la que tendrá lugar en el Palau Sant Jordi de mañana a domingo.

"Al vinilo le aguarda una segunda vida y puede que obligue a las discográficas a incrementar su oferta", afirma Matías Ibáñez, de la tienda Edison's, una autoridad barcelonesa en el formato. El 70% del material que vende es en vinilo, la mayoría de segunda mano. "Estoy alucinado de ver cómo chicos jóvenes se están enganchando. Lo veo aquí en la tienda. Se compran discos usados y los oyen en unos platos japoneses que apenas valen 100 euros y que ya se venden en España".

Matías no comparte la extendida creencia de que el vinilo es competencia exclusiva de coleccionistas y disc-jockeys. Tampoco Marc Juando: "Los compradores de vinilo son básicamente coleccionistas a los que les gusta el formato porque es más bonito y está más trabajado y valoran que sea el original".

Jordi Gallardo, director de Discos Castelló, apunta otra de las razones del pequeño auge del elepé. "Lo que veo es que ahora las discográficas están reeditando vinilos de mejor calidad, de los que pesan 180 gramos, y eso está animando a los coleccionistas", comenta.

Durante un tiempo, ante el encarecimiento de la materia prima, las marcas musicales optaron por publicar vinilos muy finos, de poco peso, que propiciaban los saltos de las agujas, algo que no ocurre con el disco grueso. La mejora de la calidad implica automáticamente que una novedad en vinilo sea más cara que en CD. "Cuesta entre 20 y pico y 30 y pico euros", confirma Gallardo.

Las novedades que aparecen en vinilo son escasas, y casi inexistentes en la música española. No obstante, ciertos artistas de trayectoria larga exigen que sus trabajos se publiquen en el viejo formato, aunque sean remesas cortas. "Lo último de Springsteen, McCartney o Elton John siempre puede encontrarse en disco", aclara Gallardo.

Discos a un euro

El jazz se está destacando como un género fértil para las reediciones en vinilo. La música de baile, por el aprecio de los disc-jockeys, perdura desde siempre. Y el formato maxi triunfa ante todo entre este colectivo de pinchadiscos. Lo que más cuesta vender, según Ibáñez, son discos de ciertos grupos de pop-rock y heavy metal de los 80 y los 90, cuando se produjo un exceso de producción. Tanto cuesta desprenderse de ellos que Edison's pondrá muchos a la venta por un euro en la Fira.

Gallardo cree que al vinilo aún le queda vida. "Si las discográficas aún lo producen es porque hay mercado". Lo mismo piensa Ibáñez, a la vista, dice, del reflote que experimenta el soporte en países europeos como Gran Bretaña, Holanda y Alemania e, incluso, en Japón. Sergio Carmona, el fiel consumidor, el fan que se compró un costoso equipo para la exclusiva audición en vinilo, se muestra escéptico. "No hay marcha atrás. Eso está claro". Pero mientras queden muchas personas como él, ¿quién sabe?