Segundo
largometraje como director del cotizado guionista británico
Richard Curtis, con el que rinde homenaje a las emisoras de radio
piratas que emitían música rock y pop en los años
60. Ha reunido más de 60 representativas canciones y un nutrido
reparto coral encabezado por Bill Nighy, Philip Seymour Hoffman,
Kenneth Branagh y Rhys Ifans.
por Mikel Insausti
Donostia, Gara, 29 de mayo de 2009
Más información sobre esta película
Otra película
consagrada a reverenciar la década de los 60 y la cultura del
rock, sin poder evitar la vena nostálgica que impregna todo este
tipo de productos planteados en clave retrospectiva. El problema es que
el actual panorama de la música joven no ofrece nada de
interés para ser llevado a la pantalla, lo que obliga a estar
constantemente mirando hacia atrás en el tiempo. Dicho
vacío resulta comprobable con el revival de los macroconciertos,
y no es ninguna casualidad que Ang Lee acabe de realizar una
película sobre el mítico festival de Woodstock.
No parece demasiado gratificante ver a músicos ancianos
teniéndose que subir a los escenarios ante la falta de nombres
capaces de llenar estadios, debido a que no se ha producido el
necesario relevo generacional y alguien tiene que llenar el hueco. Esto
crea una profunda contradicción de índole temporal,
puesto que el rock respondía a un movimiento juvenil, imposible
de reactivar por parte de quienes ya se encuentran en la edad de la
jubilación. De ahí que surja la mitificación
constante en el cine, homenajeando a los artistas que ya no
están, y es que cada vez son más las ausencias.
Volviendo al tema de la música en directo, el fenómeno «revivalista»
que se produce es de corte similar, al proliferar las llamadas bandas
de tributo, que son grupos que tratan de imitar a otros desaparecidos.
El engaño de copiar viejos modelos reside en que los chicos y
chicas de ahora dominan la técnica vocal e instrumental, pero
carecen del espíritu originario de los artistas que vivieron el
momento en su punto álgido.
En cualquier caso, siempre resulta más recurrente para el
espectador de hoy en día ver a un actor interpretando a un
cantante famoso de otra época que tener que aguantar a Hannah Montana,
que es lo que se lleva entre el público adolescente a falta de
otra cosa. Y que nadie me diga que es una cuestión de edad, ya
que, cuando yo no había cumplido todavía los diez
años, escuchaba los discos de mi hermano mayor y, claro, no es
lo mismo oír a los Byrds en el 68 que a los Jonas Brothers en el 2009.
Revolución
Aunque cuesta ser objetivo en asuntos relacionados con un pasado que te
toca muy de cerca, he de decir que la radio jugó un papel de
auténtica revolución para la juventud de la década
de los 60, como hoy lo pueda ser internet. Era un periodo de
ebullición radiofónica que merece la pena ser recordado,
aun a riesgo de que películas como «Radio encubierta» puedan sonar, pasado el tiempo, a una versión juvenil de «Historias de la radio».
Para todos los que nos gustaba la música de la época, la
máxima ilusión consistía en hacer sonar nuestros
discos en alguno de aquellos programas pioneros, los mismos que
escuchábamos a escondidas por las noches con el pequeño
aparato receptor pegado al oído para no despertar al que
dormía al lado. Todo ello creaba un ambiente de clandestinidad
que, lejos de suponer un obstáculo, actuaba como caja de
resonancia. Por entonces ya las emisoras piratas extranjeras eran una
leyenda viva, un espejo en el que mirarse, y los programas locales, en
su modestia, trataban de emularlas.
En Gran Bretaña, la situación a mediados de los 60 fue
aún más estimulante si cabe, dado que la
programación oficial de la BBC incluía menos de una hora
de rock al día, carencia que era suplida por las emisoras
ilegales. El hecho de que no se supiera el lugar exacto desde donde se
emitía ayudó a generar no pocas especulaciones, pero la
imaginación popular tendía a situar a las emisoras,
debido a su carácter pirata, en alta mar y a bordo de
algún barco camuflado. Richard Curtis ha conseguido materializar
ese sueño de juventud en su segundo largometraje como director.
Richard Curtis ha sido el máximo responsable del renacimiento de
la comedia británica, al escribir una serie de guiones para
películas que han devuelto su pujanza al género
alcanzando el éxito internacional. A partir de «Un tipo de altura», fue escribiendo sucesivas comedias que gozaron del favor del gran público, como «Cuatro bodas y un funeral» o «Notting Hill».
También ha estado detrás de la versión
cinematográfica del show televisivo de Mr. Bean o de las
aventuras de Bridget Jones.
Su paso a la dirección no hizo sino confirmar su conexión con los espectadores, ya que con «Love Actually»
pareció descubrir la fórmula mágica que todos
buscan. Y, entre los ingredientes secretos de tan infalible receta,
estaban la eficacia de los repartos corales británicos y la
magia de las canciones. Dos elementos fundamentales que aparecen
conjugados en «Radio encubierta», comedia coral en la que la música cobra ya el máximo protagonismo.
En las más de dos horas que dura la película, llegan a
sonar más de 60 canciones, la mayoría representativas del
periodo recreado, aunque también suena un posterior David Bowie, o incluso una interprete tan actual como la galesa Duffy.
De momento se ha editado como banda sonora oficial un doble disco con
36 temas, por lo que es de suponer que el presupuesto de la
producción se habrá ido en el pago de los derechos de las
canciones.
Hay temas muy emblemáticos y reconocibles, junto a otros que no
lo son tanto, seguramente porque responden al gusto personal de Richard
Curtis. Entre los que no podían faltar se encuentran el «My Generation», de The Who; «I Fell Free», de Cream; «A Whiter Shade of Pale», de Procol Harum; «Nights in White Satin», de Mody Blues, o «The Letter», de los Boxtops de Alex Chilton, entre otros.
Por extensión se rinde igualmente homenaje a los álbumes,
que fueron característicos del rock y el pop sesenteros, hasta
el punto de que el L.P. se ha convertido en un objeto de culto en las
renacidas tiendas de vinilos. En los créditos finales de «Radio encubierta»
se pueden ver las portadas de los discos más cotizados flotando
sobre el agua, en una composición que hará las delicias
de los melómanos. Son las joyas que no consigue destruir el
ministro Dormandy, el malo interpretado por Kenneth Branagh, y que se
empeña en perseguir a los responsables de la ilegal Radio Rock.
Bill Nighy: Viejo roquero y capitán pirata
Bill Nighy no está en «Radio encubierta»
porque sí, y es que se hizo famoso interpretando al decadente
cantante Billy Mack en la ópera prima de Richard Curtis «Love Actually». Antes ya había hecho de viejo roquero en «Siempre locos»,
parodia de las bandas veteranas que vuelven a reunirse para tocar en
directo. Y no sólo su presencia se justifica por lo musical,
puesto que es todavía más conocida su
caracterización como el capitán corsario Davy Jones de la
saga «Piratas del Caribe». Esta vez encarna al director de la emisora de radio y capitán del barco en el que se ocultan sus instalaciones.
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