¿Quién acabó con el funk?

Bob Davies
www.soul-patrol.com (traducido por Víctor Lenore para Ladinamo)

Muchas veces la gente joven –también alguna persona mayor– me pregunta: “¿Qué pasó con el movimiento funk? ¿Por qué desapareció?” Mi respuesta siempre es compleja, porque creo que el funk acabó por culpa de las drogas, las dificultades económicas de mantener bandas con muchos músicos, la llegada de la tecnología que hizo posible el rap y una conspiración del gobierno Reagan.

La reacción suele ser: “Vale, todo eso tiene sentido… menos la parte del Gobierno”.

Lee Atwater, responsable de la campaña electoral de Ronald Reagan en 1980, ejerció una enorme influencia en la música que escuchamos hoy en día. Durante la campaña presidencial, Atwater proporcionó a Reagan una estrategia retorcida y malévola diseñada para que su rival, el presidente Jimmy Carter, apareciese como un “amante de negros y homosexuales” incapaz de defender a los estadounidenses en la crisis de Irán. Fue Lee Atwater quién inventó el término “reina de la beneficencia” para referirse a las mujeres negras que se acogían a programas de ayuda social y también acuñó la expresión “el imperio del mal” para designar a la Unión Soviética.

En 1980 Atwater era un yuppie treintañero del sur de California que había ido a la Universidad en los 60, había escuchado rock and roll, había fumado hierba y, en definitiva, se lo había pasado en grande. Tras su graduación, fue relaciones públicas de Harry Dent, el hombre responsable de la exitosa “estrategia sureña” usada por Richard Nixon en su campaña presidencial del 68. Así fue como el joven Atwater comprendió la lógica por la que se rige el estadounidense medio y se dedicó a explotar sus miedos con fines electorales. Él fue el responsable de la promesa tácita de Reagan de acabar con el Movimiento de los Derechos Civiles en Estados Unidos.

Una de las imágenes más vívidas en mi recuerdo de la campaña de 1980 es la de Atwater en una fiesta del partido republicano tocando la guitarra junto a B.B. King. Así es: Lee Atwater era un gran fan del rhythm and blues. Esto significa que este racista vil y retorcido conocía a la perfección lo que estaba pasando en la comunidad negra durante los 70.

Lee Atwater sabía que iba a ser capaz de crear una imagen del país en la que miles de vagos, negros y negras acogidos a programas sociales, se las arreglaban de algún modo para comprar langostas con cupones del Estado, subvencionados por la pobre y sufrida mayoría blanca. Lee Atwater también sabía que propiciando un sentimiento de rabia entre los votantes podría acabar con el Movimiento de los Derechos Civiles aunque, para ello, necesitaría también la ayuda de algunos negros….

En mi opinión, cuando los historiadores estudien los 70 no tendrán más remedio que compararlos en muchos aspectos con el esplendor que vivió Harlem en los años 20. Para muchos negros, los 70 fueron un periodo de florecimiento de una cultura positiva, resultado de una época de cambio en la que Estados Unidos reaccionaba frente a su pasado racista. Muchos negros comenzaron entonces a disfrutar de las compensaciones obtenidas en la lucha por los derechos civiles. Fue un periodo de celebración.

Nació el eslogan “black is beautiful”, aparecieron los afros, los dashiki’s y Malcolm X, que cambiaron la vida de los adolescentes. Los políticos negros comenzaron a moverse en serio. Las ciudades empezaron a elegir alcaldes negros. Hollywood se lanzó a producir toneladas de filmes y series de TV dirigidas a los negros, en las que aparecían como algo más que sirvientes y esclavos. Como adolescente, para mí y para mi entorno, la música fue el epicentro de este giro positivo.

La década comenzó con la música de Jimi Hendrix, Sly Stone, James Brown, Miles Davis, Funkadelic y otros revolucionarios que fundían jazz, blues, soul y rock'n'roll, inventando lo que hoy conocemos como funk. Más tarde, esa tradición fue recogida por artistas como Weather Report, Ronnie Laws, Ohio Players, Earth Wind and Fire, Parliament, Gil Scott Heron y muchos otros. Esta música no era sólo “deep groove", también hacía pensar al oyente sobre su vida y su entorno. No sólo daba una idea de lo que significaba ser negro en EU, sino que establecía conexiones con el Caribe, África y otros lugares. Y todo era positivo, no antiblanco, sino pronegro. El ritmo era tan poderoso que hasta la gente blanca se contagió. Y esa conexión blanca propició el nacimiento del “disco”.

La gente suele desacreditar el “disco” por muchas razones, empezando por sus excesos. Es un error. Hoy tenemos más perspectiva y sabemos que el “disco” fue una extensión del funk, no sólo rítmicamente, sino en el plano político y sociocultural. De hecho, a efectos prácticos, fue el último intento de buscar la integración racial que se produjo en Estados Unidos.

Por eso, por su enorme éxito, Lee Atwater tenía que atacarlo: hacer que los blancos (y también los negros) le cogiesen miedo. Que no se contagiasen del “disco”. Uno de los objetivos principales del movimiento de los derechos civiles era que la gente no fuese juzgada por el color de su piel, sino por su conducta y carácter. ¿Qué mejor sitio para conocer tu carácter que una discoteca el viernes o el sábado por la noche, plagada de un público proveniente de todas las capas sociales?

El clima social que creó el auge de las discotecas resultó muy irritante para los racistas (tanto blancos como negros). La idea de un lugar legítimo para el encuentro racial no era algo para lo que el país estuviera preparado. Por supuesto, este mismo miedo era el que había llevado a establecer una división espuria entre música negra y blanca y a crear subgéneros artificiales como el rock y el soul. El funk (jazz, blues, soul y rock'n'roll) lo volvió a reunir todo y creó un ritmo positivo y universal que dio paso al nacimiento del “disco”.

Había que acabar con el “disco” (y también con el funk) y por eso Lee Atwater decidió orquestar una campaña de destrucción a finales de los 70 y principios de los 80. Atwater sabía que destruyendo la cultura se destruía el movimiento. Consideremos estas dos categorías: a) para adultos blancos: country y blues; b) para adolescentes blancos: punk y rap. ¿Les parece casual que estos géneros fueran promovidos por la industria mientras en los estadios de béisbol se quemaban álbumes “disco”? Los estilos “a” y “b” pertenecen a los blancos con ingresos medios y altos a los que Atwater se dirigía. No es casual tampoco que estos géneros se promocionaran como “auténticos” y “puros” cuando no lo son en absoluto.

Pero volvamos a las elecciones. Jimmy Carter y su gente fueron filmados en compañía de negros, visitando el Studio 54 y haciendo la vista gorda ante el consumo de drogas. Mientras tanto, Ronald Reagan y George Bush aparecían con sombreros de cowboy, yendo a la iglesia y escuchando country. Reagan declaraba: “No teníamos problemas raciales cuando crecí en Dixon, Illinois". Por supuesto, olvidó mencionar que allí no había negros. George Bush, en cambió, creció rodeado de negros. Hijo de un adinerado senador de Connecticut, no me cabe duda de que creció rodeado por una cohorte de sirvientas y mayordomos negros que cubrían cada una de sus necesidades. Mientras tanto, Lee Atwater sostenía que en el partido no había racismo porque él amaba el blues, la música negra más auténtica, en las antípodas del “disco”.

Pero, ¿qué hacía mientras tanto la gente negra? Nada, absolutamente nada, porque el movimiento de los derechos civiles ya estaba acabado, ¿no es así? No se preocupaban por mantener o avanzar en las conquistas. De hecho, se perdieron los afros y volvió a ser cool alisarse el pelo, ¿no? No necesitábamos nada de eso, ¿verdad? Bien podíamos volver a envidiar al hombre blanco y perdernos en un desierto de polvo blanco, ¿no?

Los negros hicimos lo que Lee Atwater quería que hiciésemos. El fracaso de los negros en lo referente a la institucionalización de la cultura positiva de los 70 propició su destrucción. Por eso ahora la cultura y la música dominantes definen nuestra cultura, basada en el gansta rap, el smooth jazz y el R&B actual. Estos tres géneros han ocultado la espléndida herencia de los 70. Y por todo ello podemos dar las gracias a Lee Atwater.


(La versión original de este artículo (recomendado por Patricia Godes) aparece en la espléndida, informada y combativa web www.soul-patrol.com. LDNM lo reproduce por su evidente interés para comprender la música negra actual. Larga vida a The Roots, Missy Elliott y Lauryn Hill, entre otros artistas que mantienen vivo el espíritu integrador de los 70).