Dean Reed, el "Elvis rojo"

La historia de Dean Reed es una triste tragedia pero también un viaje fantástico, una aventura extraordinaria en un tiempo y en un lugar que, aunque próximos en la geografía y en la historia, son hoy tan remotos para las nuevas generaciones que es como si nunca hubieran existido.

Su paso por Hollywood fue efímero pero lo suficientemente significativo para que aprendiese a actuar frente a las cámaras, lo calificara como una "casa de putas" y conociera al hombre que más profundamente le influenciaría en su vida. Nunca fue una "estrella" de Hollywood, entre otras cosas porque se negó a serlo, pero nunca fue otra cosa que una "estrella" de Hollywood para sus legiones de admiradores en Sudamérica, Europa y, sobre todo, la Unión Soviética donde fue más popular que Elvis Presley y tanto como los Beatles. Pero no sólo una "estrella" de Hollywood, sino algo más, mucho más, de hecho por cuanto este hombre hermoso de dorada cabellera, perfectos dientes blancos, sonrisa generosa y ojos azulísimos era alguien muy especial, alguien a quien le interesaba la paz social, la justicia y el amor (eran los primeros años 60), más que ninguna otra cosa... quizás exceptuando el éxito, la fama, los aplausos que, dijo muchas veces, "son como una droga, los necesito".

Se enfrentó a las dictaduras, al gobierno de su propio país y fue encarcelado en cinco de esos países incluido el propio. Llenó estadios con capacidad para decenas de miles de personas en 32 países, cantó para Noriega, Arafat y los pueblos originarios de Chile. Cantó en Cuba y en Tashkent. Y escribió, dirigió y protagonizó varias películas, desde "spaghetti-westerns" hasta dramas antiamericanos rodados en Rumania. Cuando el rock'n'roll estaba prohibido en Rusia, él lo llevó a una juventud sedienta que pagaba fortunas en el mercado negro por malísimas copias de copias en casete de los discos de los Beatles. Para millones era un idealista muy ingenuo y para otros un mediocre que se aprovechaba de las circunstancias políticas para obtener un triunfo que en ninguna otra parte hubiera conseguido nunca y por el que estaba dispuesto a pagar el precio de ser considerado un traidor a su país. Para la mayoría era un ídolo guapo y bueno que no dudaba en defender su idealismo aun a costa de poner en peligro no sólo su carrera sino su vida. Fuese lo uno o lo otro, o un poco de todo, su experiencia vital fue, por encima de todo, una fascinante aventura.

De Colorado a Hollywood

Dean Cyril Reed nació el 22 de septiembre de 1938 en el pueblo de Wheat Ridge, "la capital mundial de los claveles", según la inscripción a la entrada del pueblo situado a pocos kilómetros de Denver, en el estado de Colorado, muy cerca de las espléndidas Montañas Rocosas. Durante sus años juveniles Dean aprendió a tocar la guitarra y como le gustaba cantar lo hacía cada vez que se presentaba una oportunidad. Habiendo llegado incluso a hacerlo ante un público local con cierto éxito, muchos de sus amigos le aconsejaron que se fuera a Hollywood donde probablemente no tardaría en encontrar trabajo grabando discos y actuando en películas y en televisión. Su padre se oponía a ello, pues quería que estudiase una carrera "como sus hermanos". Dean tenía dos hermanos y su padre siempre se los ponía como ejemplo, aunque uno de ellos era más pequeño que él, porque ellos iban a estudiar carreras y "llegar a algo", mientras que él no conseguiría nada persiguiendo sueños fantásticos.

Pero si algo era Dean Reed era un soñador y por ello se decidió a hacer el viaje e intentarlo. Tenía 20 años y con muy poco más que lo puesto y un descapotable muy usado que le habían comprado para su 18 cumpleaños, el joven Dean Reed se fue a Hollywood. En el camino, recogió a un autoestopista que le dijo que si le daba algo de ropa y le pagaba la pensión por una noche le daría un contacto que le sería muy útil cuando llegara a Hollywood. Dean era tan ingenuo que se lo creyó y le dio al desconocido su único par de pantalones vaqueros extra y le pagó la pensión. El contacto que le dio el vagabundo resultó ser no sólo fiable sino que correspondió a uno de los ejecutivos de la casa de discos Capitol, que muy pronto le contrató para que grabara con ellos su primer disco.

La belleza física de Dean Reed y su afable sonrisa sin duda eran la tarjeta de presentación idónea en el Hollywood de los últimos años 50 y Dean no tardó en encontrar un agente y en ser contratado por la Warner Brothers para su Escuela de Estrellas. En esta escuela, las futuras estrellas de las pantallas se formaban baja la dirección de Paton Price mientras ganaban experiencia haciendo papelitos de extra o extra "con frase" en películas y series de televisión. También servían como elementos decorativos cuando personajes importantes visitaban el estudio o debían acompañar a otras futuras estrellas en estrenos y celebraciones sociales. Además de enseñarles a actuar, hacer esgrima y lucir su palmito, el estudio les pagaba lo suficiente para vivir decentemente hasta que les llegara su gran oportunidad.

A Dean le llegaría muy pronto, pero él la rechazaría debido a sus convicciones políticas alimentadas por Paton Price, que tenía una bien ganada fama de pacifista bastante radical, si bien no lo suficiente como para que le crease problemas de empleo. Price era un hombre de gran intensidad que ejercía una enorme influencia sobre sus alumnos, tanto en la escuela como fuera de ella, y el idealista Dean Reed era más que sensible a esa influencia que se complementaba con sus sentimientos naturales de justicia e igualdad. Y anti violencia. Su posición al respecto le llevó a rechazar la posibilidad de protagonizar una serie de televisión del género del Oeste de las que tanto proliferaban en la televisión de la época, porque se negaba a llevar un arma encima en la pantalla. Dean Reed, pese a que su posición era más que precaria en esos comienzos, no estaba dispuesto a hacer concesiones con respecto a su ideología.

En las clases de la Warner, Dean estudió al lado de los Everly Brothers, Jean Seberg y Don Murray, entre otros famosos, y en las oficinas de su agente conoció a una bella secretaria llamada Patty con la que pronto establecería un romance que acabaría en boda poco después. Pese a ello, Dean no estaba contento en Hollywood y por ello cuando le dijeron que una de las canciones de su primer disco, "My Summer Romance" era número uno en Chile, no se lo pensó dos veces y sin decir nada a nadie se fue a Santiago, pagándose su propio billete de avión, a ver de cerca el éxito que tan desesperadamente deseaba. Era a finales de 1961, apenas tres años desde que se fue de White Ridge en busca de la fama. Ahora, siquiera en este pequeño y remoto país del Cono Sur, era al menos conocido. De hecho había batido en popularidad al mismísimo Elvis Presley en una encuesta de una cadena de radio. Dean Reed tenía que ver aquello en persona. Pero cuando llegó a Santiago, Reed no estaba preparado para lo que le esperaba: Miles, varios miles de jovencitas esperaban gritando su nombre a las afueras de su hotel a la mañana siguiente de su llegada. Cuando salió a la calle se le echaron encima gritando y él apenas tuvo tiempo de meterse en el coche que habría de llevarle a la emisora. Dean Reed había probado lo que él consideraría tan adictivo como una droga que descubrió necesitaba y ya nunca sería el mismo.

Tampoco estaba Dean preparado para las muestras de animosidad contra su condición de ciudadano norteamericano que presenciaba en todo momento. O las pintadas con "Yankee go home" en las paredes. Dean descubre la política y es una nueva droga sin la que ya no podrá vivir. Decide ser el americano bueno que pide a su audiencia que escriba al presidente Kennedy para que prohíba las armas nucleares. La izquierda intelectual de los Víctor Jara y Pablo Neruda le abre los brazos de par en par porque Dean llena estadios y enardece a las multitudes con sus versiones de temas de Joan Baez y levantando el puño gritando "¡Venceremos!". Esta nueva realidad, donde no sólo es una estrella para las multitudes sino en la que puede expresar su más exaltado idealismo político-social, es un mundo mucho más atractivo para Dean que el Hollywood "casa de putas" que ha dejado atrás. Nunca volverá.

De Sudamérica a Rusia

Es un cantante mediocre pero es americano y puede cantar rock, cosa que enardece a la juventud. Y sobre todo es guapo, muy guapo. Y las adolescentes de toda Sudamérica se le entregan sin reservas y con notable agresividad, mientras que los varones le aceptan por sus convicciones políticas que le llevan a denunciar presiones por parte de su gobierno para que deje de apoyar causas contrarias a la política exterior, como atentados contra su libertad de expresión. Dean está lanzado y apoya todas las causas izquierdistas, desde las condiciones de los indios amazónicos hasta el régimen castrista en Cuba. Pronto se instala en Buenos Aires junto a Patty, donde tiene su propio programa de televisión y coprotagoniza la película "Mi primera novia", donde Evangelina Salazar le prefiere al entonces súper ídolo gaucho Palito Ortega. Pero sus actividades políticas empiezan a crearle serios problemas con la violenta ultraderecha argentina que le amenaza constantemente. Su vida puede estar corriendo peligro, pero eso es algo que a Dean nunca le había preocupado lo suficiente como para impedir la defensa de sus ideales en cualquier lugar del planeta. Con la llegada del régimen militar, Dean es deportado y se traslada a Madrid, donde vive por algún tiempo. Desde allí Dean viaja a Helsinki y participa, como miembro de la delegación argentina, en el Congreso Mundial de la Paz en 1965. Pablo Neruda estaba entre los ponentes y Dean Reed asistía simplemente como observador, pero la ausencia de Bertrand Russell, que mandó un representante en su lugar, cuya ponencia fue contestada con abucheos por parte de varias delegaciones, provocó un alboroto inesperado que Dean aprovechó para subirse al escenario con su guitarra y ponerse a cantar. Aquella audiencia era muy distinta de los estadios de Sudamérica donde las niñas histéricas le lanzaban todo tipo de regalos al escenario. Esta gente no entendía qué pintaba este tío cantando en medio de la bronca general en el auditorio y le escrutaban con curiosidad y humor. Pero Dean estaba decidido a hacer de aquella reunión una celebración, no un enfrentamiento y tras una primera balada, cantó "We Shall Overcome" pidiendo a todos los delegados que cantasen a coro con él y que unieran sus manos. Aquello era demasiado y los delegados confundidos se miraban unos a otros sin saber qué hacer. Dean seguía insistiendo y hasta se bajó del escenario para físicamente unir las manos de los delegados mientras instaba a todos los demás a hacer lo mismo. Finalmente, todo el auditorio, con las manos cogidas, coreó la canción. Y otras que siguieron. Dean Reed estaba eufórico: aquello suponía más para él que ninguno de sus éxitos multitudinarios en Latinoamérica. No sabía entonces que aquello iba a cambiar su vida para siempre.

Uno de los delegados en la Conferencia, Nikolai Pastujov, que era el presidente de la Komsomol (Unión de Jóvenes Comunistas) vio en este americano "bueno" toda una promesa. La juventud rusa de la época había descubierto a los Beatles y clamaba por espectáculos de rock como los que escuchaban en casetes piratas de bandas americanas, lógicamente prohibidas en la Unión Soviética. Para Pastujov este Dean Reed era como una lotería ya que además de ser americano y simpatizante con las ideas socialistas, sabía cantar algo parecido al rock'n'roll. Los jóvenes comunistas de la Rusia de los 60 iban a comérselo vivo y el llevárselo a Moscú iba a suponer sin duda subir peldaños en el escalafón del partido para Pastujov. Dean Reed ni siquiera lo pensó cuando Pastujov le ofreció que fuera a Moscú con él. Indudablemente era su destino.

El Elvis rojo

Sus triunfos en Rusia le convertirían en una verdadera leyenda viviente para una juventud que abría sus brazos a todo lo que viniese de fuera, desde los "spaghetti-westerns" a la música aunque fuera de mediocres artistas españoles o de cualquier otro país europeo. Lo que esa juventud quería, por encima de todo, era a los Beatles y a los rockeros americanos, pero no podía tener ni a unos ni a otros y se tenía que conformar con cualquier cosa de fuera que les llegara. Las jóvenes no sólo rusas sino de todo el bloque oriental se insinuaban sin reparo alguno a cuantos artistas extranjeros visitaban sus países, ya fuera un feo cantante con gafas de concha pero muy buena voz o un gordo y viejo actor popular por sus papeles mejicanos en "westerns" rodados en Almería. En ese ambiente, el ángel rubio de hermosa sonrisa, pantalones ajustados y soñadores ojos azules que además de ser americano de verdad cantaba rock'n'roll era mucho más de lo que ninguna de esas jóvenes hubiera podido esperar nunca. El triunfo alcanzó niveles que el propio Dean Reed nunca hubiera podido imaginar. Estadios con más de 60 mil admiradoras y admiradores gritando a pleno pulmón eran la norma, no la excepción. Sus discos se venderían inmediatamente en cantidades nunca antes alcanzadas en los países del bloque soviético. Dean Reed era el "Elvis Presley rojo" y el Partido Comunista soviético le utilizaba a placer en su propaganda, cosa que a Reed no le importaba porque su ideología era definitivamente marxista y se identificaba con un régimen que le trataba con mucho cuidado y que evidentemente no le permitía ver de cerca el lado corrupto del sistema y de la sociedad y le permitía además hacer lo que quisiera con absoluta libertad.

Antes de instalarse definitivamente en el Berlín Oriental, Dean vivió en España, donde quiso sacar provecho de su conocimiento del idioma para abrirse camino en el cine y en la música, pero la España de la última época de Franco no era el lugar más propicio para acoger a un socialista radical de ideas revolucionarias como Reed. En España, además, la música americana, lo mejor del rock, dominaba las listas de éxitos y la música de Dean no estaba a esa altura, ni mucho menos.

Su casa de discos hizo un tímido esfuerzo por "lanzarle", pero sólo consiguió que algunas publicaciones le dieran destacado espacio no por su música, sino por su parecido físico con el protagonista de "El Santo", a la sazón la serie de televisión más popular en todo el país.

Dean Reed tenía un notable parecido con Roger Moore y ello sirvió para justificar esas publicaciones que, pese a ello, no consiguieron que el mundo de la música mostrara interés alguno por la mediocre y convencional música de Reed que, sin embargo, lograría interesar a los productores de Esplugas de Llobregat (Barcelona), quienes le contrarían para coprotagonizar un par de "spaghetti-westerns" baratos, en coproducción con Italia, con los que esperaban emular los éxitos que estaban alcanzando los de Sergio Leone que protagonizaba Clint Eastwood.

Dean había hecho su debut en el cine con una película mexicana, "Guadalajara en verano", en 1964, y protagonizado su primer "spaghetti western" en 1967 en Roma (titulado "Dios los cría... y yo los mato"). Seguiría una parodia de "El Zorro" protagonizada por el popular dúo cómico formado por Franco Franchi y Ciccio Ingrasia.

No era exactamente material de máxima calidad y la carrera como actor de Dean Reed parecía destinada a convertirle en uno más de los muchos americanos autoexiliados en Roma que habían pasado de los películas de músculos y sandalias protagonizadas por Steve Reeves y su secuela de imitadores, a los "spaghetti-westerns" que se consumían con voracidad en todo el mundo, menos en los EU, en esos años al rebufo del éxito de la trilogía de Leone-Eastwood.

Pero era trabajo y eran dólares que era lo único que Reed no podía conseguir (o muy escasamente) en Rusia donde lo podía conseguir casi todo, por lo que durante años continuó haciendo películas con títulos tan "prometedores" como "Winchester no perdona", "La muerte llama dos veces", "La banda de los tres crisantemos", "Veinte pasos para la muerte", "Los corsarios", "Adiós Sabata", "El pistolero ciego", "Besos para ella, puñetazos para ellos" y "La ley del karate en el Oeste".

Son las coproducciones al uso habitualmente entre España, Italia y las dos Alemanias (por separado, por supuesto), y en ellas Reed aprende la técnica de la dirección y gana experiencia frente a las cámaras, las suficientes, al menos en su nada humilde opinión, para atreverse con sus propios proyectos para los que tiene varias ideas y que no tiene problema alguno para encontrar financiación al lado Este del Muro de Berlín.

Primero trabaja en una serie de televisión y en las películas "Aus dem Leben eunes Taugenitchts" y "Kit & Co.", según una novela de Jack London, y luego en "Blutsbruder", donde además de protagonista es coguionista. Finalmente escribe, dirige y protagoniza "El Cantor", para la televisión, su personal homenaje al malogrado Víctor Jara, uno de sus héroes más admirados.

La película es muy mediocre y risible incluso a veces, pero es propaganda política muy efectiva y el estatus de Dean con el aparato político del bloque soviético alcanza su mejor momento.

Dean vivía la vida de constante aventura y permanente adoración pública que siempre había soñado, cantando en estadios a rebosar en cualquier país y haciendo de sus actuaciones manifestaciones políticas. Siempre aparecía rodeado de fuerzas de seguridad que unas veces le protegían de las admiradoras más atrevidas y otras le detenían para encarcelarlo, como ocurrió en Argentina cuando pretendió volver, entrando en el país a través de la frontera con Uruguay. O en los Estados Unidos, donde fue arrestado en 1978 durante una de sus visitas y donde, pese a sus triunfos en la América del Sur y sus enormes éxitos en Europa, especialmente la del Este, era un absoluto desconocido para el gran público. En Búfalo, estado de Minnesota, Dean tomó parte en una manifestación en contra de la construcción de una planta nuclear. Arrestado, con muchos otros manifestantes, fue encarcelado y el hecho fue noticia de primera plana tanto en Alemania del Este como en Rusia y algunos otros países. Joan Baez escribió una carta al presidente Carter defendiendo a Dean y lo mismo hicieron Pete Seeger y el compositor Shostakovich, entre otros muchos. Finalmente el juez le ofreció a Dean la elección de pagar una multa de 500 dólares o permanecer en la cárcel tres días. Dean hizo un discurso pacifista y volvió a la cárcel. "El único problema que tengo con ir a la cárcel son los homosexuales", había dicho. "En Sudamérica hay muchísimos en las cárceles y son muy agresivos. Muchas veces me han hecho sentir mucho miedo".

Dean no sentía miedo con frecuencia o si lo sentía lo aguantaba bien, porque no dejaba de meterse en situaciones peligrosas, ya fuera en los frentes de combate en Palestina o Turquía o en su propio país donde sus más allegados le prevenían de que sus extremas ideas marxistas iban a provocar que los radicales del otro lado le volaran la cabeza en cualquier momento.

El cantante del amor

"La gente pone siempre etiquetas a todo el mundo", escribió una vez. "Yo no acepto etiquetas. En mis comienzos en Hollywood, aunque cantaba baladas y country además de rock, me etiquetaron como cantante de rock. En Sudamérica, cuando fui más activo políticamente, me llamaron cantante de protesta. El ser humano tiene muchos lados y no debe ser etiquetado. Sólo hay dos tipos de cantantes, los buenos y los malos. Y el público debe decidir a cual de esos dos grupos uno pertenece. Si me tienen que poner una etiqueta llámenme el cantante del amor... Hay muchas clases de amor: por un niño, por una madre, por un paseo en el bosque, por una carrera en moto... amor romántico y también el amor por los principios e ideales que rigen nuestra vida. Un artista no sólo puede hablar de todo sino que debe hablar de todo, si es un verdadero artista. No es contradictorio cantar un día temas pop o rock y al siguiente canciones políticas en un mítin solidario. Tan media verdad es cantar canciones de amor como canciones políticas y uno no debe limitarse, como artista, ni limitar al público. Un cantante debe llegar al público más numeroso posible y con sus canciones no sólo debe darles valor sino también entretenimiento".

¿Demagógico? Probablemente. ¿Ingenuo? Notablemente. ¿Idealista y genuino? Sin duda alguna. Y Dean vivió su vida fantástica de acuerdo con ese credo que le llevó a las cárceles de cinco países pero también a distintos niveles de gloria política y popular en otros 32, incluyendo Chile, Palestina, Nicaragua y Turquía donde compartió escenarios y peligros con los soldados de las distintas rebeliones y con sus líderes, desde los fedayines a la OLP, desde Daniel Ortega a Salvador Allende y Yasser Arafat. "No se les puede pedir a los soldados que arriesguen sus vidas por los ideales de la revolución si uno mismo no está dispuesto a arriesgar la suya", decía con total convicción mientras viajaba de un frente a otro con su guitarra al hombro, el puño en alto y su sonrisa abierta.

Y el "cantante del amor", como le hubiera gustado que le llamaran, también tuvo un intensa vida romántica, como era inevitable. Su matrimonio con Patty llegó al final cuando en el festival de cine de Leipzig, en 1971, Dean conoce a la modelo Wiebke. Aunque ella estaba casada, la pareja entabla una tórrida relación amorosa que acaba en boda poco después de que Dean viaje a Santo Domingo, siguiendo los consejos de su amiga Jane Fonda que le dice que Santo Domingo es el lugar mas rápido del mundo para obtener un divorcio. Poco después la pareja se construye una casa al lado de un lago en Schmockwitz, un pequeño pueblo bastante próximo al Muro de Berlín que Dean cruza con gran frecuencia para viajar a Sudamérica, Cuba y los Estados Unidos, además del resto de Europa.

Con Patty tuvo una hija, Ramona, y con Wiebke otra, Natasha, pero este segundo matrimonio duraría muy poco ya que durante el rodaje de "Kit & Co" Reed conoce a la bella actriz Renate Blume y Wiebke pasa a ser una buena amiga que, extrañamente, se mudará solamente a unos cientos de metros de la casa que compartió con Dean, lo cual dará pábulo a los rumores de que Wiebke era Stasi (Servicio Secreto de la Alemania Oriental) y que había recibido la orden de vigilar a Dean lo más cerca posible. Y nada más cerca que su casa y su cama. Cierto o no, un tercio de la población germano oriental eran informadores de la Stasi, por lo que la hipótesis de que Wiebke lo era también no sorprende a nadie aunque nunca se haya confirmado tal suposición.

Renate, finalmente, fue su tercera esposa y aportó al matrimonio un hijo de una relación anterior Alexander, que Dean adoptó legalmente.

El éxito como cantante de Dean Reed en el bloque soviético comienza a decaer a últimos de la década de los 70, cuando las nuevas generaciones muestran más interés por los nuevos músicos nacionales, más cualificados y mucho más representativos en sus letras de la nueva juventud que Dean. Reed se concentra más y más en la política y en el cine. Su primera película como autor, director y protagonista, "Canta, vaquero, canta" tiene un gran éxito popular y sigue al éxito político de "El Cantor" que hizo cuatro años antes para la televisión.

Pero la estrella de Dean está en evidente decadencia, su música ya no interesa a la juventud de ninguna parte y el cine, como autor, director y protagonista, es algo que requiere mucho tiempo y mucho esfuerzo, pues Dean quiere hacer algo con "caché" internacional, una película que le dé el prestigio internacional que no le ha dado ninguna de sus aventuras fílmicas anteriores. En 1984 rueda una coproducción germano-japonesa que no se estrena en ninguna parte salvo Japón y Alemania.

Al año siguiente, un documentalista norteamericano, Will Roberts, que le ha acompañado en ocasiones durante los pasados cinco años, en sus visitas a Chile y Cuba, entre otros países, así como a la Unión Soviética, rodando material para un documental sobre su vida, presenta "Dean Reed: American Rebel", en el Festival de Denver. Reed vuelve a su pueblo natal por primera vez en más de 20 años y sus amigos hacen que la visita sea todo un acontecimiento local con prensa, radio y televisión presentes.

Dean Reed piensa que quizás es el momento de volver para intentar ser profeta en su tierra, donde empieza a entrever una posibilidad. Sus postulados políticos han sido ignorados por algunos aunque no por otros. Entre ellos un conocido locutor radiofónico local, que se enfrenta a él a micrófono abierto y le echa literalmente de los estudios de la radio acusándole de traidor a su patria. Pese al incidente, Dean Reed está decidido a volver a su país de forma permanente y a intentar triunfar allí. Vuelve a Hollywood para intentar encontrar un representante mientras deja amigos en Denver estableciendo los primeros contactos para una gira por universidades americanas y la grabación de un disco que quiere titular al igual que el documental de Roberts, "American Rebel". También quiere publicar su autobiografía y hasta, quizás, presentar su candidatura política. "Funcionó con Reagan", dice entonces, "¿por qué no puede funcionar conmigo?".

Antes, Dean tiene un gran proyecto ya aprobado por las altas jerarquías soviéticas y germano orientales que van a financiarlo al 50%. Se trata de su visión de la masacre de Wounded Knee en 1978, en Dakota del Sur, durante el enfrentamiento armado entre indios y efectivos del FBI.

Dean iba a rodar en Rumania, donde lo había hecho anteriormente, con gran despliegue de medios, miles de extras y con todo lujo de detalle histórico. Iba a ser su gran tarjeta de presentación, a nivel internacional, como cineasta. Tenia 47 años y las cosas empezaban para él, una nueva vida tras mas de 20 años lejos de su país y de sus queridas Montañas Rocosas.

Una muerte sospechosa

La noche del día anterior al comienzo del rodaje del film, Dean Reed despareció misteriosamente mientras se disponía a pasarla en la casa del productor de la película que vivía al lado del estudio. Cinco días después, el 17 de junio de 1986, su cuerpo desfigurado tras cinco días en el agua, apareció en el lago al lado de su casa. Era un lago poco profundo y Reed era un consumado nadador. Las circunstancias de la muerte eran sospechosas y la policía germano oriental investigó el caso minuciosamente pero concluyó que se había tratado de un accidente porque no se descubrieron indicios de violencia ni ninguna nota póstuma que indicase intención de quitarse la vida, por lo tanto debía de tratarse de un accidente.

Tras su fallecimiento, todo tipo de rumores e hipótesis (incluyendo la inevitable en estos casos, que aún permanece vivo y no era suyo el cadáver rescatado del lago) han circulado en torno a la trágica desaparición de Dean Reed. Sus amigos y familiares en Alemania aceptan la versión oficial, si bien algunos se inclinan por la hipótesis del suicidio sustentada principalmente por una supuesta nota de 17 páginas escritas a mano por el propio Dean Reed, que formaba parte de su expediente en los archivos de la Stasi. Quienes han visto el documento admiten que la letra era la suya pero es posible que fuese forzado a escribirla en contra de su voluntad.

Sus amigos y familiares en Estados Unidos, desde Will Rogers a su hija Ramona y su mejor amigo Johnny Rosenburg, se negaron a aceptar el accidente o el suicidio y ofrecieron hipótesis variadas sobre el trágico desenlace. Lo cierto es que murió ahogado en un lago poco profundo siendo un excelente atleta y consumado nadador, que pese a ser verano llevaba encima dos chaquetas y que la cartera que la policía germana entregó a su hija Ramona estaba seca en su interior, algo imposible si hubiera estado sumergida cinco días junto al cuerpo de Dean. En cuanto a la hipótesis del suicidio, nadie de quienes le conocieron admite que fuera posible, con o sin nota.

Dean estaba a punto de volver a su país a tratar de establecer una carrera en los Estados Unidos en cuanto terminase la que iba a ser su más importante película y con la que esperaba su consagración a nivel internacional como actor y director. Con el glasnost en pleno apogeo es impensable que Dean fuese un problema lo suficientemente serio para la KGB o la Stasi como para que lo eliminaran y la CIA o el FBI son candidatos más que dudosos a tener algún tipo de intervención en su muerte. Todo ello a menos que Dean supiese cosas peligrosas, que es más que posible, probable. Cosas sobre Chernobyl, o la corrupción descubierta años después, de los gobernantes del bloque, tanto en Moscú como en Berlín Oriental...

Fueran cuales fuesen las causas de su muerte, una cosa es cierta: Dean nunca renunció a su pasaporte americano ni a su nacionalidad. Gritó a cuantos quisieron oírle que no era un traidor sino un patriota y que no era la gente en América, sino el sistema, el que estaba "enfermo". Para los extremistas fue un traidor, para otros simplemente un fraude, mediocre como músico, como actor y como director. Para muchos millones de muchos países, un rebelde y valiente defensor de los ideales más altruistas y los principios más admirables de paz y justicia social. Fue, sin duda, un personaje extraordinario y su vida una experiencia tan fascinante como, al final, trágica.