Hasta Siempre, Stella Guerra (Anaconda)

Página de Stella Anaconda: Arte para la Revolución


Foto: Claudia Calvo

Ana Stella Guerra, madre de nuestros compañeros Nico, Iván y Jero, falleció el martes 22 de octubre de 2002.

Stella fue artista y defensora de los derechos humanos. Junto a su compañero Carlos acompañó a comunidades víctimas de la violencia oficial en Barrancabermeja, Trujillo, el Urabá, el Ariari, Barranquilla y Bucaramanga, entre otras.

Sus últimos días los dedicó a trabajar con nuestra asociación en el Colectivo Artístico y Solidario Trabajo Expresión.

No podemos juzgar las razones que la llevaron a tomar su última determinación, pero seguimos acompañando a su familia y amigos y en la voluntad de continuar por el camino que ayudó a orientar con su conocimiento, experiencia y compromiso.

Asociación Caos & Control


Querida Stella Anaconda!

Por: Paola

En estos momentos me siento destrozada. La noticia de tu muerte me embriaga hasta perder el sentido y siento que mi cuerpo se convierte en el instrumento que amo y que toco tan violentamente: golpes de tambor que golpean mi corazón y no me dejan entender por qué. ¿Por qué así? Tú que odiabas la forma absurda como muere nuestra gente en medio del fuego cruzado. Me duele tanto perderte y que el mundo te pierda.

Me es necesario hablar de ti, para que la memoria de la resistencia se conserve, para que no olvidemos tu legado y nos sintamos felices de que hayas entrado a nuestras vidas.

Al igual que tú, soy de esas personas inquietas que le piden más a la vida, que no se conforman y que necesitan aventuras para sentirse vivas. El afán de escapar de nosotros mismos y del ambiente se encuentra en nosotros todo el tiempo. Intento vagamente comprender, pero no logro aceptar el hecho de que nos hayas dejado. Alguien tan especial como tú, tan mágica, no debería abandonar la Tierra. Gente como tú es la que necesita este viejo mundo en el cual difícilmente podremos cambiar tanta barbarie y desesperanza.

Es triste sentirse solo, luchar por la gente que creemos que lo necesita y ver que a aquellos por los que hemos entregado nuestra vida les es indiferente nuestra lucha. Quisiste cambiar la mentalidad de este mundo que parece conducido por ciegos y sordos que no oyen los gritos de advertencia de nuestro corazón.

Sé que tenías muchos sueños, pero las circunstancias eran difíciles, el desespero y la impotencia que sentimos nos atrapa y nos condena. El dinero mata, enferma, nos asfixia si carecemos de él, logra destruir nuestros sueños impidiendo realizarlos, en él sólo encontramos sufrimiento, su contacto envenena. A pesar de todas las dificultades, me has dejado mucho. Contigo conocí a la mujer real, la que irradia deseos de luchar, la que no calla ante el abuso y el desgarramiento de la humanidad, la hermosa mujer que con sus manos plasmó el deseo de ser escuchadas de todas las mujeres que no se pueden expresar. No dejaré que la historia ignore tus raíces, porque viviríamos entre desiertos, con las raíces cortadas y los brazos resecos, confundiéndonos con las horcas que se nos tienen destinadas.

Nunca morirás porque nos has dejado mucho.

No sé si fue una crisis de locura, o tu deseo de abandonar la Tierra cuando te diera la gana. Te amo y nunca olvidaré tus enseñanzas y tu magia que ha impregnado a todo aquél que tuvo la buena suerte de que le permitieras entrar en tu mundo.

Un beso donde quiera que estés de todos los que tanto te amamos. ¡Mis lágrimas se borran porque sé que pasaste el muro que te asfixiaba y al fin eres libre!


La fuerza de la persistencia que se nombra resistencia

Con el viento violento que nos sopla, nos templamos las mujeres de esta tierra. Vientos de guerra, la que nos despoja, la terrorista de Estado, esa, la del poder, la de la pobreza y el hambre que nos azota. Y nosotras amamos, parimos, cantamos, lloramos, gritamos, luchamos y construímos con dolor nuestro pensamiento. Nosotras caminamos a veces bailando desnudas y locas, a veces arrastrándonos desoladas y tristes, en apariencia sumisas, tan sólo persistentes, tenaces, sensibles, muy tercas.

Nuestro territorio Colombia, como la luna antigua y nueva, violada, seductora, poderosa. Templanza de las aguas que nos surcan, los tesoros y las bellezas que nos roban y la sangre de nuestros hombres que baña los cultivos que nos alimentan.

Las abuelas criando los nietos sin madres ni padres se preguntan: ¿cuándo acabará esta era? Las madres, las maduras, las jóvenes, las niñas, asumimos la decisión de nuestra utopía: la de vivir como sentimos, la de ser como podemos, con magia, con encanto, fuertes y resistentes, esplendorosas, ya no más invisibles y con la verdad desnuda que está llena de colores, aromas, sabores, gestos, identidades diversas de afrontamientos y renuncias.

Hay una condición que nos posibilita: sabemos tejer las fibras del ser, conocemos de solidaridad, de afectos y amores, de fuerzas o fortalezas, conocemos la soledad y la hermandad y tenemos una herencia mágica que reclamar. Por eso párate bien Mariela, que no se han ido los tiempos malos, como canta Julio, y convoquémonos todas no por ellos solamente sino por nosotras para hacer resistencia, para ser la fuerza vital y expresémonos.

¡Que se escuche, que se sienta, que se sacuda el tiempo, para cambiar por autodeterminación nuestro pulso y que soplen otros vientos, nuestros vientos, los creativos, los furtivos y suaves, sin que se acabe nuestra fuerza!

Como siempre y hasta siempre,

Stella Anaconda